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Todas las formas en que fracasó la invasión de Bahía de Cochinos

Todas las formas en que fracasó la invasión de Bahía de Cochinos


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Antes del amanecer del 15 de abril de 1961, un escuadrón de ocho bombarderos B-26 piloteados por exiliados cubanos rugió desde una pista de aterrizaje nicaragüense en misión secreta. La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y el presidente John F.Kennedy esperaban que la invasión de Bahía de Cochinos tuviera como resultado el derrocamiento del líder cubano Fidel Castro. Pero la operación que se desarrolló durante los siguientes cinco días se convirtió en uno de los mayores fiascos militares en la historia de Estados Unidos.

El presidente Dwight D. Eisenhower había sancionado por primera vez la operación encubierta de la CIA en 1959 para derrocar a Castro, quien había nacionalizado las industrias estadounidenses y fortalecido los lazos con la Unión Soviética después de liderar una revolución que derrocó al dictador militar pro estadounidense Fulgencio Batista.

El plan y por qué se llama la invasión de Bahía de Cochinos

El plan requería un ataque aéreo inicial para acabar con la pequeña fuerza aérea de Castro, seguido del desembarco anfibio de 1.400 cubanos expatriados en Bahía de Cochinos, una entrada del Golfo de Cazones en la costa sur de Cuba. Los expatriados habían sido entrenados por la CIA en Guatemala y Florida. Una vez que los insurgentes establecieran una cabeza de playa, un gobierno provisional de cubanos exiliados volaría allí desde Miami, se declararía los líderes legítimos del país e invitaría a Estados Unidos a enviar tropas para ayudar en la operación para deponer a Castro.

Cuando el plan, cuyo nombre en código es Operación Zapata, fue presentado a John F. Kennedy pocas semanas después de que prestó juramento en el cargo, el presidente recién inaugurado finalmente lo aprobó. Jim Rasenberger, autor de El brillante desastre: JFK, Castro y la condenada invasión estadounidense a Bahía de Cochinos en Cuba, no cree que los planificadores militares presionaron al nuevo presidente para que tomara una decisión en contra de su mejor juicio. “Creo que Kennedy sabía muy bien en lo que se estaba metiendo, pero estaba en una situación difícil”, dice.

Durante la campaña presidencial de 1960, Kennedy había pedido repetidamente la intervención estadounidense en Cuba. “Increíblemente, Kennedy fue elegido flanqueando a Richard Nixon como un halcón anticomunista. Golpeó a la administración Eisenhower por permitir que Castro llegara al poder y no hacer nada al respecto. Así que se convirtió en presidente en gran parte debido a su retórica anticomunista, y no quería parecer un hipócrita o un blando con el comunismo ".

Las primeras filtraciones sobre la misión dan pistas sobre Castro

Sin embargo, incluso antes de que pudiera iniciarse la operación, Castro se enteró a través de sus canales de inteligencia de los detalles del plan respaldado por Estados Unidos. Al igual que cualquier persona con una suscripción a la New York Times porque el 7 de abril de 1961 el periódico publicó un artículo de primera página en el que informaba que “expertos estadounidenses” estaban entrenando una fuerza invasora de exiliados cubanos en Guatemala y Florida.

"¡No puedo creer lo que estoy leyendo! Castro no necesita agentes aquí. ¡Todo lo que tiene que hacer es leer nuestros periódicos! " Kennedy espetó. Aunque la invasión carecería del elemento sorpresa, ni la CIA ni la Casa Blanca la cancelaron.

Apenas unas horas después del ataque inicial en tres aeródromos cubanos por los bombarderos B-26 respaldados por la CIA el 15 de abril, la operación comenzó a encontrar problemas. La incursión inicial no logró destruir toda la fuerza aérea de Castro, con seis aviones cubanos ilesos. “Si la operación tenía alguna posibilidad de éxito”, dice Rasenberger, “los planificadores de la CIA sabían que lo más importante era deshacerse de la flota aérea de Castro. No podrían tener una invasión de cabeza de playa si los barcos pudieran hundirse ".

Al no haber logrado acabar con la fuerza aérea cubana, la operación encontró más dificultades cuando una estratagema planificada fracasó. Uno de los bombarderos que despegó de Nicaragua aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Miami con su piloto afirmando ser un desertor de la fuerza aérea cubana. Los agentes de la CIA, sin embargo, habían pintado el bombardero para que se pareciera a uno de Castro y acribillado la tapa del motor con agujeros de bala para que pareciera que había sobrevivido al combate.

Sin embargo, la participación estadounidense en la operación fue rápidamente detectada por los reporteros que notaron la pintura fresca del avión y la colocación de cañones de ametralladora en la nariz del bombardero y no montados en las alas como en los aviones de combate cubanos.

“Inmediatamente todo el mundo supo que eran pilotos respaldados por la CIA”, dice Rasenberger. “Kennedy se dio cuenta de que había desaparecido cualquier ilusión de negación plausible. Ya no podía fingir que los estadounidenses no estaban detrás ".

El mandatario respondió el 16 de abril cancelando una segunda ronda de bombardeos prevista para el día siguiente, que dejó intactas las defensas aéreas cubanas para cuando la fuerza invasora llegara a Bahía de Cochinos a la mañana siguiente. “En el momento en que Kennedy canceló la segunda ronda de bombardeos contra la flota aérea de Castro, la operación estaba básicamente condenada al fracaso, y todos lo sabían”, dice Rasenberger.

Aterrizajes fallidos y mala sincronización

Las cosas siguieron yendo mal cuando la fuerza de combate respaldada por Estados Unidos intentó su aterrizaje anfibio al amparo de la oscuridad. Al estudiar las fotografías de reconocimiento, los analistas de la CIA no habían detectado arrecifes de coral en las aguas poco profundas de Bahía de Cochinos que impedían el avance de las lanchas de desembarco e inutilizaban un par de botes.

Además, uno de los semáforos rojos que llevaba un hombre rana parpadeó accidentalmente en alta mar. Cuando un par de milicianos cubanos en un jeep vieron la luz y apuntaron sus faros hacia ellos, los hombres rana abrieron fuego con sus rifles y ametralladoras, arruinando el elemento sorpresa.

Surgieron más dificultades cuando la aeronave de Castro hundió dos barcos de suministro que transportaban alimentos, suministros médicos y municiones. Una falla adicional de un equipo de reconocimiento de la CIA para detectar una estación de radio en la playa le permitió permanecer en funcionamiento durante la invasión y transmitir los detalles del ataque en toda Cuba.

Con la invasión tambaleándose, Kennedy se negó a enviar infantes de marina estacionados en Puerto Rico o una gran fuerza naval que estuviera preparada fuera de las aguas territoriales cubanas. Sin embargo, cedió en autorizar a seis aviones de la Armada sin marcar a proporcionar cobertura aérea durante una hora en la mañana del 19 de abril para un escuadrón de bombarderos B-26 que despegaban de Nicaragua para atacar a los cazas de Castro. Eso también terminó en un desastre ya que los B-26 llegaron una hora antes de lo planeado y no encontraron cobertura de escolta, posiblemente debido a un malentendido sobre la diferencia horaria de una hora entre Nicaragua y Cuba. La confusión resultó en el derribo de dos B-26 y la muerte de cuatro estadounidenses.

Con el ataque fracasando y más de 100 de sus miembros ya muertos en combate, la brigada de exiliados cubanos se rindió. Como señala Rasenberger, Kennedy respondió de inmediato a la debacle de la política exterior profundizando la participación estadounidense en otro conflicto de la Guerra Fría que se convertiría en una intervención costosa.

“Al día siguiente, el 20 de abril, Kennedy ordenó al Pentágono que buscara formas de derrotar al comunismo en el sudeste asiático”, dice Rasenberger. “La reacción de Kennedy a la humillación es básicamente intensificar el conflicto con la Unión Soviética. Sintió que tenía que conseguir una victoria y mira a Vietnam del Sur ”.


¿Por qué fracasó la invasión de Bahía de Cochinos?

La invasión de Bahía de Cochinos fue un intento del gobierno de Estados Unidos de derrocar al régimen comunista de Fidel Castro, el dictador de Cuba. Aunque el gobierno de Estados Unidos claramente planeó y detalló la invasión de Bahía de Cochinos y la CIA (Agencia Central de Inteligencia) entrenó a más de mil cubanos exiliados para esta misión y utilizó estrategias militares avanzadas, esta invasión finalmente fracasó.

Las siguientes son algunas de las razones por las que fracasó esta operación militar:

  • Aunque la población en general en Cuba no estaba muy informada sobre el ataque de Estados Unidos, se filtró información sobre la posibilidad de una invasión en Miami y el sur de Florida. Por lo tanto, a pesar de que el gobierno de Estados Unidos no quiso "aparecer" involucrado en este ataque militar, la invasión no fue una gran sorpresa para Cuba.
  • Para defender esto, el gobierno cubano preparó un ejército de unos 25.000 soldados de los cuales cerca de 9.000 eran policías armados. Además, el gobierno ruso ayudó a Cuba a entrenar sus fuerzas militares para prepararse para la invasión de Estados Unidos.
  • El gobierno de los Estados Unidos, que desconocía por completo el conocimiento del gobierno cubano, no estaba preparado para una represalia agresiva, ya que pensaban que el plan de invasión era un secreto guardado. Por lo tanto, Estados Unidos subestimó completamente la fuerza de las operaciones militares cubanas, ya que el ejército estadounidense pensó que no había necesidad de una preparación extensa antes del ataque.
  • La guerra y el equipo militar utilizado por los estadounidenses fueron completamente inadecuados para contraatacar al ejército cubano. Por lo tanto, la ejecución de la invasión de Bahía de Cochinos resultó ser completamente ineficaz. Cada esfuerzo de los Estados Unidos fue instantáneamente contraatacado por los cubanos que estaban extremadamente preparados para la invasión y este fue un gran punto de consternación para el gobierno estadounidense.
  • La gente en Cuba no estaba muy descontenta con el gobierno comunista de Castro y, por lo tanto, no esperaba un cambio de gobierno. Por lo tanto, los cubanos se unieron contra las fuerzas armadas estadounidenses que atacaron desde las regiones a lo largo de Bahía de Cochinos e impidieron que el ejército estadounidense avanzara más hacia su tierra.

La invasión de Bahía de Cochinos se planeó inicialmente con la idea de provocar popularidad para una revuelta contra Fidel Castro que derrocó a Fulgencio Batista, un dictador respaldado por Estados Unidos. Fue una situación muy delicada ya que el plan era derrocar al gobierno cubano con el que Estados Unidos no estaba en guerra entonces. Más..


Fondo

Desde la Revolución Cubana de 1959, Fidel Castro se había vuelto cada vez más antagónico hacia Estados Unidos y sus intereses. Las administraciones de Eisenhower y Kennedy autorizaron a la CIA a idear formas de expulsarlo: se intentó envenenarlo, se apoyó activamente a los grupos anticomunistas dentro de Cuba y una estación de radio transmitió noticias sesgadas en la isla desde Florida. La CIA incluso se puso en contacto con la mafia para trabajar juntos para asesinar a Castro. Nada funcionó.

Mientras tanto, miles de cubanos huían de la isla, primero legalmente, luego clandestinamente. Estos cubanos eran en su mayoría de clase media y alta que habían perdido propiedades e inversiones cuando asumió el gobierno comunista. La mayoría de los exiliados se establecieron en Miami, donde hervían de odio hacia Castro y su régimen. La CIA no tardó en decidirse a utilizar a estos cubanos y darles la oportunidad de derrocar a Castro.


La invasión de Bahía de Cochinos y sus secuelas, abril de 1961 a octubre de 1962

Una revolución de izquierda en Cuba había terminado en 1959 con la destitución del presidente Fulgencio Batista y el establecimiento de un nuevo gobierno bajo el primer ministro Fidel Castro. El régimen de Castro rompió rápidamente los lazos que antes eran fuertes del país con Estados Unidos al expropiar los activos económicos estadounidenses en Cuba y desarrollar vínculos estrechos con la Unión Soviética.

Estos hechos demostraron ser una fuente de gran preocupación para los Estados Unidos dada la proximidad geográfica de Cuba a los Estados Unidos y pusieron a Cuba en juego como un factor nuevo y significativo en la Guerra Fría. En marzo de 1960, el presidente Dwight D. Eisenhower ordenó a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desarrollar un plan para la invasión de Cuba y el derrocamiento del régimen de Castro. La CIA organizó una operación en la que entrenó y financió una fuerza de cubanos contrarrevolucionarios exiliados que actuaban como brazo armado del Frente Revolucionario Democrático, conocido como Brigada 2506.

Después de su elección en noviembre de 1960, el presidente John F.Kennedy se enteró del plan de invasión, concluyó que Fidel Castro era un cliente soviético que representaba una amenaza para toda América Latina y, después de consultar con sus asesores, dio su consentimiento para el plan de la CIA. Continúe la invasión clandestina de Cuba. Lanzado desde Guatemala, el ataque salió mal casi desde el principio. Componentes de la Brigada 2506 desembarcaron en Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961 y fueron derrotados en 2 días por las fuerzas armadas cubanas bajo el mando directo de Castro.

La fallida invasión fortaleció la posición de la administración de Castro, que procedió a proclamar abiertamente su intención de adoptar el socialismo y buscar vínculos más estrechos con la Unión Soviética. También llevó a una reevaluación de la política hacia Cuba por parte de la administración Kennedy. El presidente estableció un comité dirigido por el ex Jefe de Estado Mayor del Ejército, General Maxwell Taylor, y el Fiscal General Robert Kennedy, para examinar las causas de la derrota sufrida en Bahía de Cochinos.

Este examen y evaluación de políticas, iniciado en mayo de 1961, llevó en noviembre de ese año a la decisión de implementar un nuevo programa encubierto en Cuba, con el nombre en clave de Operación Mangosta. La supervisión de la Operación Mangosta fue proporcionada por el Grupo Especial 5412/2, bajo los auspicios del Consejo de Seguridad Nacional, ampliado para incluir al General Taylor y al Fiscal General Kennedy.

La Operación Mangosta fue diseñada para hacer lo que la invasión de Bahía de Cochinos no logró: sacar al régimen comunista de Castro del poder en Cuba. Orquestada por la CIA y el Departamento de Defensa bajo la dirección de Edward Lansdale, la Operación Mangosta constituyó una multiplicidad de planes con un propósito y alcance de amplio alcance. Lansdale presentó el cronograma de seis fases del Proyecto al Fiscal General Kennedy el 20 de febrero de 1962, y el presidente Kennedy recibió un informe sobre los componentes de la operación el 16 de marzo de 1962. Lansdale describió el programa coordinado de inteligencia, sabotaje, militar, psicológico y político. operaciones, así como intentos de asesinato propuestos contra líderes políticos clave, incluido Castro. Se iban a poner en marcha componentes mensuales de la operación para desestabilizar el régimen comunista, incluida la publicación de propaganda anticastrista, el suministro de armamento para los grupos militantes de oposición y el establecimiento de bases guerrilleras en todo el país, todo lo cual conduciría a los preparativos para un Octubre de 1962 Intervención militar en Cuba. Algunas (aunque no todas) de las acciones planeadas de la Operación Mangosta se desplegaron durante 1962, pero la intervención militar no se produjo y el régimen de Castro permaneció en el poder.


La invasión de Bahía de Cochinos tuvo raíces en una remota isla de Florida

Nos acercamos al 60 aniversario de la invasión de Bahía de Cochinos, en la que un grupo de fuerzas entrenadas por Estados Unidos desembarcó en Cuba con la esperanza de derrocar al gobierno de Castro. La operación no fue un éxito y los efectos de la fallida invasión todavía se están considerando décadas después. Un informe de NPR de 2011 examinó algunas de las lecciones aprendidas (o no aprendidas, en algunos casos) de la invasión y ayudó a explicar por qué sigue siendo un momento convincente en la historia.

Resulta que esta historia tiene un alcance inesperado, que abarca una pequeña isla frente a la costa de Florida. A Revista SmithsonianTony Perrottet visitó la isla Useppa, ubicada al oeste de Fort Myers. El viaje de Perrottet & # 8217 lo llevó al Collier Inn, que tenía su propio papel que desempeñar en la historia.

& # 8220 Agentes encubiertos de la CIA se apoderaron de la morada de este ex millonario en la primavera de 1960, cuando la isla de Useppa, entonces un lugar de vacaciones en los talones, se transformó en un campo de entrenamiento secreto para la invasión de la Cuba de Fidel Castro. que se conocería como la Bahía de Cochinos, & # 8221 Perrottet escribió.

La ubicación remota de la isla y el alojamiento acogedor suenan como una combinación atractiva para quienes organizan el recorrido. El artículo también señala que un pequeño museo ubicado allí ahora destaca su historia, y que algunos veteranos de la invasión planeada han visitado a lo largo de los años.

También es muy posible que la lectura de la cuenta de Perrottet sobre el Collier Inn pueda generar algunos planes de viaje propios; él saluda su particular encanto del Viejo Mundo, decorado con tarpones montados y fotografías antiguas, incluida una de Teddy Roosevelt pesando su captura en el embarcadero de la isla. & # 8221 Evidentemente, la misión de entrenamiento de la CIA & # 8217 no era & # 8217t la isla & # 8217 el único lugar en la historia.


Operación Zapata

Poco después de su toma de posesión, el recién elegido presidente John F. Kennedy fue informado de la operación y autorizó el plan de invasión en 1961, con la esperanza de enviar un mensaje contundente a los soviéticos. Dos series de Bombarderos B29 obsoletos de la Segunda Guerra Mundial pintados como aviones de la Fuerza Aérea Cubana destruirían a los fugitivos y paralizarían la Fuerza Aérea Cubana. Mientras tanto, un grupo de trabajo de 1400 hombres lanzaría un ataque al amparo de la oscuridad. Simultáneamente, una pequeña fuerza aterrizaría en la costa este de Cuba para abrir un segundo frente. Una suposición clave hecha por la CIA, fundamental para el éxito del plan, fue que la población se uniría al levantamiento y ayudaría a derrocar a Castro.

La invasión estaba condenada al fracaso incluso antes de su inicio, el 15 de abril de 1961, cuando los ocho bombarderos B29 que volaban desde Nicaragua fallaron algunos de los objetivos y alrededor del veinte por ciento de la Fuerza Aérea Cubana permaneció operativa. Inmediatamente surgió la noticia en la prensa con fotos de los aviones que se estaban repintando, y John Kennedy se vio obligado a suspender el segundo ataque aéreo. Aún así, la invasión comenzó el 17 de abril, pero los arrecifes de coral dañaron los barcos del grupo de trabajo de exiliados cubanos y dificultaron incluso llegar a la costa. Castro, al tener una idea de lo que se avecinaba debido al incidente del bombardero B29, movilizó a 60.000 de sus hombres y detuvo a más de 100.000 cubanos que se pensaba se oponían a su liderazgo, frustrando las esperanzas de la CIA de un levantamiento popular.

El plan siguió fracasando, ya que un grupo de aviones de combate cubanos en funcionamiento hundió el USS Río Escondido, que transportaba 10 días de municiones y combustible, provocando una explosión ensordecedora antes de hundirse. El USS Houston, estacionado al oeste de la bahía en aguas cubanas, también sufrió graves daños.

Los pedidos de apoyo aéreo y naval de la Brigada fueron descartados por los generales estadounidenses. Para el 19 de abril, el grupo de trabajo estaba abrumado, superado en armamento y planeado por las fuerzas de Castro y no tuvo más remedio que rendirse. La invasión había fracasado.


60 años después de la invasión de Bahía de Cochinos, muchos cubanoamericanos & # 8217 desconfían del Partido Demócrata aún afectan la política nacional

Para muchos, es una nota histórica a pie de página. Un poco de trivia de una época pasada. Una operación fallida de la Guerra Fría conocida como uno de los mayores errores en la historia de las operaciones de inteligencia de Estados Unidos.

Pero para aquellos que irrumpieron en un pequeño tramo de la costa cubana el 17 de abril de 1961, la fallida invasión de Bahía de Cochinos fue un punto de inflexión en la lucha contra una dictadura comunista opresiva que, según algunos, todavía tiene un impacto descomunal en elecciones nacionales en los Estados Unidos, incluso 60 años después.

& # 8220Hoy & # 8217 tenemos la esperanza de poder llevar la libertad a la gente de Cuba & # 8221, dijo Johnny López de la Cruz, coronel retirado del Ejército de los Estados Unidos y presidente de la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos. & # 8220 Realmente no podemos descansar hasta que veamos esa situación resuelta. & # 8221

López de la Cruz era un adolescente durante la revolución de Fidel Castro en 1959, pero casi de inmediato pudo reconocer que Cuba se encaminaba hacia una dictadura totalitaria cuando Castro revocó los derechos de propiedad, reprimió la libertad de expresión y aplastó brutalmente cualquier forma de disidencia.

& # 8220Aunque era joven, me di cuenta de que algo andaba mal & # 8221, dijo López de la Cruz, quien dice que ver a un amigo inocente morir ante un pelotón de fusilamiento sin el debido proceso lo llevó a actuar.

& # 8220Estaba enfermo, no podía & # 8217 creerlo & # 8230 e inmediatamente, ya sabes, comencé a buscar un lugar para empezar a trabajar contra el gobierno. & # 8221

Ese esfuerzo lo llevó a la Brigada 2506, un grupo de aproximadamente 1.500 exiliados cubanos, armados y entrenados por la CIA en campamentos en Florida y Guatemala.

& # 8220Fue una respuesta a nuestra situación, brindándonos herramientas para luchar & # 8221, dijo Pedro Roig, quien se incorporó a la Brigada sin saber qué era la CIA, habiendo sido reclutado por amigos en la isla.

La Brigada era una muestra representativa de la sociedad cubana, dicen los veteranos, con médicos e ingenieros que se capacitan junto con agricultores y pescadores.

& # 8220 Eran negros, blancos & # 8230 Era una mezcla de todo & # 8221 López de la Cruz, señalando que muchos también eran estudiantes en la adolescencia.

& # 8220Sólo era un niño & # 8221, dijo Roberto Heros, quien tenía 17 años cuando sus padres lo instaron a salir de Cuba por temor a ser encarcelado o ejecutado después de una pelea a puñetazos con un grupo pro-castrista. & # 8220 A la mañana siguiente, mis padres dijeron: & # 8216Tú & # 8217te fuera de aquí. & # 8221

La invasión

Después de unos meses de entrenamiento, la operación estaba en marcha.

& # 8220 Todo el mundo estaba muy emocionado y yo cantaba canciones patrióticas & # 8221, recuerda López de la Cruz, quien junto a Heros, eran paracaidistas asignados para aterrizar en la isla desde el aire. & # 8220 Estaba desesperado por saltar.

& # 8220 Claramente todos sabíamos que podíamos morir o resultar heridos. Pero, francamente, la idea que nunca pasó por mi mente es que podríamos perder ”, dijo Heros. & # 8220Estaba convencido de que íbamos a ganar. & # 8221

Pero casi de inmediato, dicen, hubo señales de que la operación fracasaría.

Al aterrizar, Heros dice que lo primero que recuerda haber visto fue a un compañero paracaidista de brigada, disparado antes de llegar al suelo.

& # 8220 Lo primero que vi fue a él colgando de un árbol, después de haber sido asesinado. & # 8221

& # 8220No hubo un minuto en el que & # 8217t tuviéramos algún tipo de acción en curso & # 8221, dijo López de la Cruz, quien dijo que la brigada tuvo algún éxito inicial contra las fuerzas de Castro, pero no pudo sostener sus ganancias. . & # 8220 En realidad nos quedamos sin municiones. & # 8221

& # 8220 Siempre digo que perdimos la guerra dos días antes de aterrizar & # 8221, dijo López de la Cruz.

Según López de la Cruz, quien más tarde serviría en las fuerzas armadas de Estados Unidos, numerosos cambios tácticos al plan de ataque original y una falta general de compromiso por parte del gobierno de Estados Unidos condenaron la operación.

Bajo un plan originalmente ideado por la administración de Eisenhower, Estados Unidos prometió ayudar a la Brigada 2506 con apoyo aéreo una vez que la operación estuviera en marcha. Pero después de tres días de intensos combates, la ayuda nunca llegó.

El entonces presidente John F. Kennedy canceló la huelga planeada, dejando que la brigada fuera aplastada y capturada.

& # 8220 Supongo que Kennedy no estaba & # 8217 realmente seguro de lo que quería hacer & # 8212 y eso nos trajo una consecuencia, & # 8221, dijo López de la Cruz, quien dice que no culpa a nadie por la pérdida, y agregó que no & # 8217 No sé qué tipo de inteligencia y otras consideraciones de política exterior enfrentaba la administración en ese momento.

Heros agregó que & # 8220 muchos de nosotros, en ese momento, culpamos al presidente Kennedy & # 8212 yo mismo no. & # 8221

Las secuelas políticas

Después de más de un año encarcelado por Castro, simpatizantes en los Estados Unidos finalmente negociaron su liberación a Miami, donde Kennedy organizó una ceremonia de & # 8220Welcome Back & # 8221 para los combatientes capturados.

Sin embargo, seis décadas después, la invasión fallida y la decisión de Kennedy todavía encienden los argumentos en la Pequeña Habana de Miami que resuenan más allá del sur de Florida.

& # 8220La mención del nombre de Kennedy & # 8217 se considera una traición para los cubanos & # 8221, dijo Eduardo Celorio, un cubanoamericano y ávido jugador de dominó en la Calle Ocho. & # 8220Por eso & # 8217 los cubanos comenzaron a trasladarse al Partido Republicano. & # 8221

& # 8220 Creo que se puede trazar una línea recta desde el trauma de Bahía de Cochinos, y el trauma generacional de Bahía de Cochinos, hasta la elección de 2020 & # 8212 y probablemente más allá & # 8221 dijo Billy Corben , un documentalista galardonado que ha pasado décadas documentando la cultura y la política en Miami.

& # 8220Un gran número de políticos, especialmente republicanos, encontraron una manera de convertir en arma la & # 8216C-palabra: & # 8217 comunismo. & # 8221

La última película de Corben, & # 8220537 Votes & # 8221, analiza cómo las inclinaciones políticas de los cubanoamericanos en Miami han alterado las elecciones nacionales. Él dice que las cicatrices del comunismo han preparado no solo a los cubanos, sino también a los venezolanos, nicaragüenses y otros grupos que han luchado con los regímenes de izquierda por un mensaje muy específico del Partido Republicano: los demócratas no pueden ser confiables.

& # 8220Hay una manera en que los demócratas pueden hablar con ese electorado, pero sin embargo no lo hacen & # 8221 Corben. & # 8220Y en ese vacío vienen constantes recordatorios del trauma. & # 8221

Corben señala al ex presidente Donald Trump como un ejemplo perfecto de un candidato que toca la fibra sensible de quienes huyen de la opresión al conectar a los demócratas con sus opresores.

& # 8220Ahora los republicanos de todo el país utilizan esas tácticas y estrategias, & # 8221 Corben.

A pesar de albergar candidatos políticos durante décadas, los veteranos de Bahía de Cochinos hicieron de Trump su primer respaldo presidencial en 55 años. En particular, Trump visitó por primera vez a los miembros de la brigada cuando inicialmente contemplaba una candidatura para la Casa Blanca en 1999 y luego buscó y obtuvo su respaldo durante su carrera en 2016.

Durante su visita de 1999 con los veteranos de la brigada, Trump pidió la continuación del embargo con Cuba, llamó a Castro un & # 8220killer & # 8221 y & # 8220criminal, & # 8221 y dijo entonces que poner fin al embargo significaría que aquellos que eran parte de la invasión incluyendo & # 8220todas las personas que murieron o resultaron heridas y aquellos que son monumentos vivientes de la misma serán heridos por este gobierno por segunda vez & # 8221, según un artículo del Miami Herald que cubre la visita.

En septiembre de 2020, los veteranos visitaron la Casa Blanca, agradeciendo a Trump por instalar sanciones y revertir las políticas de la era de Obama sobre Cuba.

& # 8220Has cumplido tus promesas & # 8221, le dijo López de la Cruz a Trump durante un discurso en el East Room.

El enfoque de Trump & # 8217 dio sus frutos en el Estado del Sol. En uno de los mayores cambios hacia Trump en el país durante las últimas elecciones, el expresidente aumentó su participación en los votos en el condado de Miami-Dade en más de 12 puntos.

Mientras que Joe Biden finalmente ganó el condado, los demócratas también perdieron dos escaños en la Cámara allí y el impulso de Trump # 8217 redujo los márgenes en todo el estado y # 8212 ayudó a Trump a construir sobre su victoria de 2016 en Florida y # 8212 reclamó nuevamente al estado # 8217 los 29 votos del colegio electoral.

& # 8220Somos simplemente personas que quieren lo mejor para Cuba & # 8230 Somos conservadores y todo lo que huela a socialismo o comunismo, lo & # 8217 lo vamos a rechazar & # 8221, dijo López de la Cruz sobre el respaldo del grupo & # 8217 a Trump. Dice que los veteranos estaban consternados por la apertura de Barack Obama a la isla, que, según él, no ha producido pasos tangibles hacia la democracia.

El senador demócrata Bob Menéndez, hijo de exiliados cubanos, dijo que el fracaso de Bahía de Cochinos aún impacta el panorama político.

& # 8220 Creo que comenzó a crear una base, particularmente entre los cubanos mayores, de la creencia de que el Partido Demócrata finalmente les había dado la espalda en un momento crítico de la historia & # 8221, dijo Menéndez, quien sostiene que muchas de las políticas que ayudaron a dar la bienvenida a la comunidad de exiliados en los Estados Unidos fueron aprobados por los demócratas. Si bien admite que la retórica republicana ha funcionado, dice que no ha cambiado mucho en la isla.

& # 8220Cuatro años de Donald Trump y ninguno de esos años cambió la realidad del régimen de Castro & # 8217 y el sufrimiento del pueblo cubano & # 8230 Nosotros & # 8217 somos muy sensibles al elemento emocional, pero a veces me pregunto & # 8216 ¿Estamos mirando en lo que realmente estamos logrando? '& # 8221

El senador de Nueva Jersey agregó que disipar las nociones románticas sobre Fidel Castro y la revolución cubana debe ser un esfuerzo bipartidista.

& # 8220Creo que todos compartimos el deseo universal de que el pueblo cubano sea libre & # 8221 Menéndez, y agregó que los veteranos deben ser considerados héroes que arriesgaron sus vidas por un noble propósito.

Junto con el también senador cubanoamericano Marco Rubio, Menéndez está copatrocinando una resolución en honor a la Brigada 2506 y volviendo a comprometer a Estados Unidos a oponerse al régimen, que Rubio dice que debería ser un tema bipartidista.

& # 8220Las voces más fuertes en la política estadounidense que han simpatizado con el régimen de Castro eran miembros del Partido Demócrata & # 8221, dijo Rubio de Florida, aunque dice que hay excepciones notables que presionan por el cambio, como Menéndez. Rubio también admite que incluso hay personas dentro de su propio partido que él cree que están equivocadas en la política hacia Cuba.

Rubio argumenta que los sentimientos de derecha entre los cubanoamericanos se solidificaron con las políticas instaladas mucho después de Bahía de Cochinos, y agregó que la administración Biden ahora tiene la oportunidad de promover la causa por la que los Veteranos de la Brigada 2506 aún luchan.

& # 8220 Para mí, eso es en última instancia lo que será la derrota del régimen de Castro & # 8221, dice Rubio, de la Brigada 2506 & # 8217s dedicación. & # 8220Estos hombres nunca se rindieron en la causa y esa & # 8217 es la razón por la que & # 8217 todavía está vivo hoy & # 8221.

"No pasa un mes desde que no tengo un sueño muy vívido de estar en Cuba, la Cuba que recuerdo, el país hermoso", dijo Roberto Heros.

Ninguno de los tres veteranos con los que habló CNN ha regresado a Cuba porque, según Pedro Roig, su misión permanece sin cambios.


Invasión de Bahía de Cochinos

Tercera fase, 17 de abril: La invasión de Bahía de Cochinos comenzó con el lanzamiento de ocho pares de aviones sobrevolados por pilotos de Brigada sobre Bahía de Cochinos. Pero, como todo lo demás, ese número también se había reducido en el último minuto, lo que dejaba grandes períodos de tiempo en los que ningún avión proporcionaría apoyo aéreo a la brigada invasora.

Las FAR habían leído los restos de los ataques del 15 de abril como hojas de té y predijeron correctamente un segundo ataque. Esta vez, estaban preparados.

Mientras el sol y los rayos anaranjados se extendían por el mar Caribe, los miembros de la Brigada 2506 se preparaban para regresar a casa. No como ciudadanos, no como veraneantes, sino como invasores. A medida que sus barcos se acercaban cada vez más a la costa, vieron su isla como nunca antes: no como un lugar cálido y acogedor, sino como un territorio hostil, pero extrañamente familiar.

Habían estado entrenando para este momento, anticipándolo y visualizándolo durante el año pasado. Ahora estaba sobre ellos. Ésta era su oportunidad de marcar la diferencia en el país en el que habían vivido, el país que habían amado, el país del que habían huido. Esta era su oportunidad de cambiar el rumbo.

Sin embargo, fue una marea oceánica y arrecifes de coral imprevistos lo que dificultó cada vez más a la Brigada llegar a la costa. La mayoría de los hombres perdieron sus armas y equipo en las aguas turquesas.

Una vez en tierra, fueron recibidos instantáneamente por las fuerzas armadas cubanas que los superaron en número. Los aviones cubanos rescatados y sin daños que habían sobrevivido a los ataques del 15 de abril, los mismos aviones que deberían haber sido destruidos esa mañana si Kennedy no hubiera cancelado el ataque planeado, ahora volaban sobre sus cabezas provocando el caos en la Brigada.

La invasión no salió según lo planeado, y los exiliados pronto se vieron superados en armas, en personal, en número y planificados por las tropas de Castro.

La primera prioridad de Castro fue hundir los barcos que invadieron las aguas cubanas. The USS Houston, an American troop and supply vessel, was damaged by several FAR rockets, its captain then intentionally beached it on the western side of the bay. The FAR also machine gunned the two landing craft and other supply vessels that had brought the Brigade into the Bay of Pigs. They hit the USS Rio Escondido, which was loaded with aviation fuel, causing a terrific explosion before it sank like a stone.

Meanwhile, the paratroopers dropped in. One set missed their target and lost most of their equipment, and two other men were injured when their static line cable broke. A portion of the equipment that was airdropped sank in the swamps.

The Brigade did have some successes. Several paratroopers hit their targets and were able to hold their positions and block roads for two days. The Brigade pilots providing air cover support successfully destroyed tanks and other armor and halted an advancement of Cuban militia cadets.

Neither side made any significant advances as the invasion and fighting continued into the third day.


The Plan, and Why It’s Called the Bay of Pigs Invasion

The plan called for an initial air strike to wipe out Castro’s small air force, followed by the amphibious landing of 1,400 Cuban expatriates at the Bay of Pigs, an inlet of the Gulf of Cazones on the southern coastline of Cuba. The ex-pats had been trained by the CIA in Guatemala and Florida. Once the insurgents established a beachhead, a provisional government of exiled Cubans would fly there from Miami, declare themselves the country’s rightful leaders and invite the United States to send in troops to assist in the operation to depose Castro.

When the plan, codenamed Operation Zapata, was presented to John F. Kennedy just weeks after he took the oath of office, the newly inaugurated president ultimately gave it his approval. Jim Rasenberger, author of The Brilliant Disaster: JFK, Castro, and America’s Doomed Invasion of Cuba’s Bay of Pigs, doesn’t believe that military planners pressured the new president into making a decision against his better judgment. “I think Kennedy knew very well what he was getting into, but he was in a tough place,” he says.

During the 1960 presidential campaign, Kennedy had repeatedly called for American intervention in Cuba. “Incredibly, Kennedy got elected by outflanking Richard Nixon as an anti-communist hawk. He beat up the Eisenhower administration for allowing Castro to come to power and not doing anything about it. So he became president in large part because of his anti-communist rhetoric, and he didn’t want to look like a hypocrite or soft on communism.”

Castro’s soldiers at Playa de Giron in Cuba, after thwarting the ill-fated Bay of Pigs amphibious invasion.

Early Leaks About the Mission Tip Off Castro

Even before the operation could be launched, however, Castro learned through his intelligence channels details of the American-backed plan. So did anyone with a subscription to the New York Times because on April 7, 1961, the newspaper published a page-one article reporting that “United States experts” were training an invasion force of Cuban exiles in Guatemala and Florida.

“I can’t believe what I’m reading! Castro doesn’t need agents over here. All he has to do is read our papers!” Kennedy snapped. Although the invasion would lack the element of surprise, neither the CIA nor the White House called it off.

Just hours after the initial strike on three Cuban airfields by the CIA-backed B-26 bombers on April 15, the operation began to encounter problems. The initial raid failed to destroy all of Castro’s air force, with six Cuban aircraft unscathed. “If the operation had any chance of success,” Rasenberger says, “the CIA planners knew the most important thing was to get rid of Castro’s air fleet. They could not have a beachhead invasion if the ships could be sunk.”

Having failed to wipe out the Cuban air force, the operation encountered further difficulty when a planned ruse backfired. One of the bombers that took off from Nicaragua landed at Miami International Airport with its pilot claiming to be a Cuban air force defector. CIA operatives, however, had painted the bomber to resemble one of Castro’s and riddled its engine cover with bullet holes to make it appear that it had survived combat.

The American hand in the operation, however, was quickly detected by reporters who noted the plane’s fresh paint job and the placement of machine gun barrels in the bomber’s nose and not mounted on the wings as on Cuban warplanes.

“Immediately the entire world knew they were CIA-backed pilots,” Rasenberger says. “Kennedy realized any illusion of plausible deniability was gone. He could no longer pretend the Americans weren’t behind it.”

The president responded on April 16 by cancelling a second round of bombings planned for the following day, which left Cuban air defenses intact for when the invasion force arrived in the Bay of Pigs the following morning. “The moment that Kennedy canceled the second round of bombings on Castro’s air fleet the operation was basically doomed, and everybody knew it,” Rasenberger says.

An American plane that was shot down on Playa Giron by anti-aircraft batteries during the Bay of Pigs invasion.


60 years after the Bay of Pigs invasion, many Cuban Americans' distrust of the Democratic Party still affects national politics

For many, it is a historical footnote. A bit of trivia from a bygone era. A failed Cold War operation known as one of the biggest blunders in the history of.

For many, it is a historical footnote. A bit of trivia from a bygone era. A failed Cold War operation known as one of the biggest blunders in the history of US intelligence operations.

But for those who stormed a small stretch of Cuban coastline on April 17, 1961, the failed Bay of Pigs invasion was a turning point in the fight against an oppressive communist dictatorship -- one that, some argue, still carries an outsized impact on national elections in the United States, even 60 years later.

'Today, we're still hopeful that we can bring freedom to the people in Cuba,' said Johnny Lopez de la Cruz, a retired US Army Colonel and president of the Bay of Pigs Veterans Association. 'We cannot really rest until we see that situation taken care of.'

Lopez de la Cruz was a teenager during Fidel Castro's 1959 revolution but could almost immediately recognize Cuba was headed for totalitarian dictatorship as Castro revoked property rights, stifled free expression and brutally squashed any form of dissent.

'Even though I was young, I could realize something was wrong,' said Lopez de la Cruz, who says that watching an innocent friend get killed before a firing squad without due process led him to act.

'I was sick, I couldn't believe it . and immediately, you know, I started looking for a place to start working against the government.'

That effort led him to Brigade 2506, a group of roughly 1,500 Cuban exiles, armed and trained by the CIA at camps in Florida and Guatemala.

'It was an answer to our situation, providing us tools to fight,' said Pedro Roig, who joined the Brigade without knowing what the CIA was, having been recruited by friends on the island.

The Brigade was a cross-section of Cuban society, the veterans say, with doctors and engineers training alongside farmers and fishermen.

'They were Black, White . It was a mixture of everything,' Lopez de la Cruz said, pointing out that many were also students in their teens.

'I was just a kid,' said Roberto Heros, who was 17 when his parents urged him to leave Cuba out of fear he'd be imprisoned or executed after a fistfight with a pro-Castro group. 'The next morning, my parents said, 'You're out of here.''

The invasion

After a few months of training, the operation was underway.

'Everybody was very excited, and I was singing patriotic songs,' recalls Lopez de la Cruz, who along with Heros, were paratroopers assigned to land on the island from the air. 'I was just desperate to jump.

'Clearly all of us knew that we could get killed or get injured. But frankly, the thought that never passed through my mind is that we could lose,' said Heros. 'I was convinced that we were going to win.'

But almost immediately, they say, there were signs the operation would fail.

Upon landing, Heros says the first thing he remembers seeing was a fellow brigade paratrooper, shot before reaching the ground.

'The first thing I saw was him hanging from a tree, having been killed.'

'There was not a minute in which we didn't have some type of action going on,' said Lopez de la Cruz, who said the brigade had some initial success against Castro's forces, but could not sustain their gains. 'We actually ran out of ammunition.'

'I always say we lost the war two days before we landed,' said Lopez de la Cruz.

According to Lopez de la Cruz, who would later serve in the US armed forces, numerous tactical changes to the original plan of attack and an overall lack of commitment from the US government doomed the operation.

Under a plan originally devised by the Eisenhower administration, the United States promised to help Brigade 2506 with air support once the operation was underway. But after three days of intense fighting, help never came.

Then-President John F. Kennedy canceled the planned strike, leaving the brigade to be crushed and captured.

'I guess Kennedy wasn't really sure what he wanted to do -- and that brought us a consequence,' said Lopez de la Cruz, who says he doesn't blame anyone for the loss, adding that he doesn't know what kind of intelligence and other foreign policy considerations the administration was facing at the time.

Heros added that 'many of us, at the time, blamed President Kennedy -- I myself do not.'

The political aftermath

After more than a year imprisoned by Castro, sympathizers in the United States eventually negotiated their release to Miami, where Kennedy hosted a 'Welcome Back' ceremony for the captured fighters.

However, six decades later, the failed invasion and Kennedy's decision still inflames arguments in Miami's Little Havana that reverberate beyond South Florida.

'The mention of Kennedy's name is considered a betrayal for Cubans,' said Eduardo Celorio, a Cuban-American and avid domino player on Calle Ocho. 'That's why Cubans started moving to the Republican Party.'

'I think you can draw a straight line from the trauma of the Bay of Pigs, and the generational trauma of the Bay of Pigs, all the way to the election of 2020 -- and probably beyond,' said Billy Corben, an award-winning documentary filmmaker who has spent decades documenting culture and politics in Miami.

'A great many politicians, especially Republicans, found a way to weaponize the 'C-word:' Communism.'

Corben's latest film, '537 Votes' looks at how the political leanings of Cuban-Americans in Miami has altered national elections. He says the scars of communism have primed not only Cubans, but Venezuelans, Nicaraguans and other groups that have grappled with leftist regimes for a very specific message from the GOP: Democrats can't be trusted.

'There is a way that Democrats can speak to that constituency, but yet they fail to,' Corben said. 'And in that vacuum comes constant reminders of the trauma.'

Corben points to former President Donald Trump as a perfect example of a candidate striking an emotional chord with those fleeing oppression by connecting Democrats to their oppressors.

'Those tactics and strategies are now used by Republicans all over the country,' Corben says.

Despite hosting political candidates for decades, the Bay of Pigs veterans made Trump their first presidential endorsement in 55 years. Notably, Trump first visited members of the brigade when initially contemplating a bid for the White House in 1999 and then sought and gained their endorsement during his 2016 run.

During his 1999 visit with the brigade veterans, Trump called for a continuation of the embargo with Cuba, called Castro a 'killer' and 'criminal,' and said then that ending the embargo would mean those who were part of the invasion including 'all the people who died or were injured and those who are living monuments of it will be hurt by this government a second time,' according to a Miami Herald article covering the visit.

In September 2020, the veterans visited the White House, thanking Trump for installing sanctions and reversing Obama-era policies on Cuba.

'You have kept your promises,' Lopez de la Cruz said to Trump during a speech in the East Room.

Trump's approach paid off in the Sunshine State. In one of the biggest swings toward Trump in the country during the last election, the former president grew his share of the vote in Miami-Dade County by more than 12 points.

While Joe Biden ultimately won the county, Democrats also lost two House seats there and Trump's boost narrowed the margins statewide -- helping Trump build on his 2016 victory in Florida -- again claiming the state's 29 electoral college votes.

'We are just people that want the best for Cuba . We are conservative and anything that smells like socialism or communism, we're going to reject,' Lopez de la Cruz said of the group's Trump endorsement. He says the veterans were dismayed by Barack Obama's opening to the island, which he says has not produced tangible steps toward democracy.

Democratic Sen. Bob Menendez, the son of Cuban exiles, said the failure of the Bay of Pigs still impacts the political landscape.

'I think it began to create a foundation, particularly among older Cubans, of a belief that the Democratic Party had ultimately turned their back on them in a critical moment in history,' said Menendez, who argues that many of the policies that helped welcome the exile community into the United States were passed by Democrats. While he admits the GOP's rhetoric has worked, he says it hasn't changed much on the island.

'Four years of Donald Trump and none of those years changed the reality of Castro's regime and the suffering of the Cuban people . We're very responsive to the emotional element, but sometimes I wonder, 'Are we looking at what we are actually accomplishing?''

The New Jersey senator added that dispelling romantic notions about Fidel Castro and the Cuban revolution must be a bipartisan effort.

'I think we all share a universal desire for the Cuban people to be free,' Menendez said, adding that the veterans should be regarded as heroes who risked their lives for a noble purpose.

Along with fellow Cuban-American Sen. Marco Rubio, Menendez is co-sponsoring a resolution honoring Brigade 2506 and recommitting the United States to standing against the regime -- which Rubio says should be a bipartisan issue.

'The loudest voices in American politics that have been sympathetic to the Castro regime happened to be members of the Democratic Party,' said Rubio of Florida, though he says that there are notable exceptions pushing for change, like Menendez. Rubio also admits there are even those within his own party that he believes are misguided on Cuba policy.

Rubio argues that right-wing sentiments among Cuban-Americans were solidified by policies installed long after the Bay of Pigs, adding that the Biden administration now has a chance to advance the cause that Veterans of Brigade 2506 are still fighting for.

'To me, that ultimately is what will be the defeat of the Castro regime,' says Rubio, of the Brigade 2506's dedication. 'These men never gave up on the cause and that's the reason why it's still alive today.'

'A month doesn't go by since I don't have a very vivid dream of my being in Cuba, the Cuba that I remember, the beautiful country,' said Roberto Heros.

None of the three veterans CNN spoke with have ever returned to Cuba, because according to Pedro Roig, their mission remains unchanged.


Nixon’s Bay of Pigs Secrets

In the dark, early hours of June 17, 1972, from inside the offices of the Democratic National Committee at the Watergate office building in Washington, DC, burglar James McCord radioed an alarm to his two supervisors. Monitoring the operation from their command post in the Watergate Hotel, E. Howard Hunt and G. Gordon Liddy heard McCord’s electronic whisper that he and the other four burglars might have been detected.

“Scratch it,” Hunt advised. But Liddy commanded to McCord: “Let’s go! Everybody’s here [meaning the four burglars from Miami] . . . Go!”

“So they went . . . filed off into history,” Hunt later recalled.

Minutes after heeding Liddy’s order, DC police nabbed McCord and the other unusually dressed burglars—who were all wearing suits and ties as well as surgical gloves. Hunt and Liddy hastily fled the scene, but were eventually tied to the crime.

These men would become the first known participants in the nation’s biggest political scandal. Two summers later, “Watergate” forced President Richard Nixon to resign in dishonor.

Aside from their attire, this was no ordinary burglary team: ex-CIA agent Hunt was Nixon’s chief White House spy ex-CIA agent McCord and ex-FBI agent Liddy were top officials of the president’s 1972 campaign committee. The Miamians had CIA ties and—with Hunt as their supervisor—had been involved in planning the failed CIA- backed Bay of Pigs invasion of Cuba eleven years earlier. All of the men had been involved in previous clandestine Nixon White House operations against the president’s enemies.

Hunt and Liddy had even participated in a particularly sordid aff air—the planned assassination of newspaper columnist Jack Anderson, Nixon’s archfoe in the media. The plot against Anderson only came to light in 1975 when the Washington Post reported that—“according to reliable sources”—Hunt told associates after the Watergate break-in that he was ordered to kill the columnist in December 1971 or January 1972.

President Nixon chose to be out of the country the day of the Watergate break-in. He was visiting a private island in the Bahamas owned by his old drinking buddy Robert Abplanalp, a wealthy businessman. Accompanied by Bebe Rebozo, Nixon had choppered to the tiny island from his Key Biscayne, Florida home.

Hot-tempered even under normal conditions, the chief executive went ballistic when aide Chuck Colson told him by phone that his men had been arrested at Watergate. Nixon grew so enraged he threw an ashtray against one of the walls in Abplanalp’s luxurious Caribbean retreat.

Knowing his presidency was seriously threatened, Nixon moved quickly to save himself. His major weapons were lies, cover- ups and blackmail.

First, he instructed his press secretary, Ron Ziegler, to inform reporters back in Florida that it was beneath the White House to even comment on a “third-rate burglary attempt.”

On June 22, after returning to the White House, Nixon made his first public comment on the burglary. He flatly asserted that “the White House has had no involvement whatever” in the break- in. And he declared, with a straight face, that such an event “has no place in our electoral process or in our governmental process.”

On the twenty-third, in an effort to get the CIA to stop the FBI’s initial Watergate probe, Nixon tried to blackmail CIA Director Richard Helms, apparently by using his knowledge of major CIA secrets to keep the lid on Watergate.

The president wanted to scare Helms with the prospect that, under pressure, an apprehended Hunt might start blabbing to authorities about “the Bay of Pigs.” That phrase, to Bob Haldeman— Nixon’s most trusted aide—was secret Nixon- CIA code for one of the darkest events in our history, an event with tenuous ties to the disastrous 1961 Cuban invasion.

In a post-Watergate book, Haldeman disclosed, “It seems that in all those Nixon references to the Bay of Pigs, he was actually referring to the Kennedy assassination. (Interestingly, an investigation of the Kennedy assassination was a project I suggested when I first entered the White House. Now I felt we would be in a position to get all the facts. But Nixon turned me down.)”

Watergate expert and National Public Radio correspondent Daniel Schorr independently concurs with Haldeman that Nixon’s Watergate threat to the CIA about “the Bay of Pigs” was “about some deeply hidden scandal . . . an assassination or something on that order. It was supposed to involve the CIA and President Kennedy.” Schorr also says that, to this day, “Helms vows that he has no idea what dark secret Nixon was alluding to. But, whatever it was, it led Nixon into trying to enlist the CIA in an attempted obstruction of justice that became his final undoing.” Speculating separately, JFK assassination expert Jim
Marrs— without knowing about Haldeman’s revelation—asks two perceptive questions about taped “Bay of Pigs” conversations between Nixon and his most trusted adviser: Could they have been circuitously referring to the interlocking connections between CIA agents, anti- Castro Cubans, and mobsters that likely resulted in the Kennedy assassination? Did they themselves have some sort of insider knowledge of this event?

Another possibility, of course, is that the “Bay of Pigs” referred to the CIA assassination plots against Fidel Castro, which were not public knowledge at the time. Both Vice President Nixon and President Kennedy backed those plans. And the CIA’s Howard Hunt was an early advocate of Castro’s murder and a key player in all aspects of the Bay of Pigs invasion planning. Whatever the term meant, the usually unflappable Helms came unglued when Haldeman brought it up in the wake of the Watergate burglary.

But, first, Nixon had to tutor Haldeman on just how to make the threat to Helms. During a June 23 rehearsal of Haldeman for the critical meeting with Helms later that day, the president carefully instructed his No. 1 aide on what to tell the CIA chief: “Hunt knows too damned much . . . If this gets out that this is all involved . . . it would make the CIA look bad, it’s going to make Hunt look bad, and it’s likely to blow the whole Bay of Pigs thing . . . which we think would be very unfortunate for both the CIA and the country . . . and for American foreign policy.”

At his meeting with Helms, when Nixon’s emissary brought up the Bay of Pigs, according to Haldeman, the CIA chief gripped the arms of his chair, leaned forward and shouted: “The Bay of Pigs has nothing to do with this! I have no concern about the Bay of Pigs.” Haldeman said he was “absolutely shocked by Helms’s violent reaction” when he delivered Nixon’s message. Helms “yelled like a scalded cat,” said Nixon aide John Ehrlichman when Haldeman mentioned the Watergate trail might lead to “the Bay of Pigs.” Ehrlichman sat in on the meeting.

In his book, Haldeman added that the CIA pulled off a “fantastic cover- up” that “literally erased any connection between the Kennedy assassination and the CIA.” Haldeman never revealed his source, but evidence points to Nixon. “Virtually nothing Nixon did was done without Haldeman’s knowledge,” said John Ehrlichman. “That is not to say that Haldeman approved everything Nixon said or did but it was essential that he know, and have a chance to object, before it happened.”

Ehrlichman went to his grave without spilling any “Bay of Pigs” secrets, but he did write a novel about a president and a CIA chief trying to blackmail each other over a previous assassination plot that involved both men.

If Haldeman knew about the CIA’s alleged involvement in the Kennedy murder, Nixon certainly did. The president would have had to tell his top aide what was truly behind his “Bay of Pigs” threat against the agency. That conclusion gains solid support from a recently released Watergate tape—from May 18, 1973—in which Nixon and Haldeman recall the “Bay of Pigs” warning Haldeman delivered to Helms the previous June.

Haldeman reminds the president that Helms said, “Oh, we have no problem with the Bay of Pigs, of anything . . . And that surprised me, because I had gotten the impression from you [author’s emphasis] that the CIA did have some concern about the Bay of Pigs.” On the tape, Nixon raises no objections to the accuracy of Haldeman’s memory.

Audiotapes ran on all Nixon’s office and telephone conversations, so the president would not want to refer to John F. Kennedy murder secrets as “Dallas” or “the whole JFK thing.” Why, logically, could the JFK assassination become known to Nixon and Helms and a few others as “the Bay of Pigs”? Perhaps because the cast of characters employed in the 1960 plan to invade Cuba at the Bay of Pigs and kill Fidel Castro and the cast of characters employed in the plan to assassinate Kennedy in 1963 were the same.

When Nixon was vice president, he and then CIA agent Hunt were principal secret planners of the invasion of Cuba at the Bay of Pigs that failed so miserably when later ordered by President Kennedy. Nixon and Hunt were key leaders of an associated— and also ill- fated—plot to assassinate Castro. For that mission, potential assassins were recruited from Mob ranks, so that if any of their activities were disclosed, organized crime could be blamed.

Helms as then director of the CIA’s covert operations was a key participant in the Castro assassination plots. The plotters also enlisted the support of billionaire Howard Hughes. Like Nixon, Hughes despised the Kennedys and had strong links to both the CIA and the Mob. The mysterious and reclusive Hughes had made large, secret payoff s to Nixon and his brother Donald over most of Nixon’s political career.

Fronting for Hughes, Robert Maheu approached mobsters Johnny Roselli, Sam “Mooney” Giancana and Santos Trafficante. One report says fifteen professional killers ultimately made up the “ultra- black” Castro assassination team, consistent with a typical Mafia hit, as summarized by author David Scheim: “A mob murder is usually a methodical job, performed by a coordinated team of specialists. Up to 15 gunmen, drivers, spotters, and other backup personnel, plus several cars, are used on some jobs.”

Maheu, a former FBI agent employed by both the CIA and Hughes, had many links with Nixon. To mention just two: In 1956, Maheu ran a Howard Hughes–bankrolled spying operation to protect Nixon against Republican “Dump Nixon” forces trying to block Nixon’s renomination as Dwight Eisenhower’s vice president. Also while Nixon was veep, Maheu worked for Nixon on a “dirty tricks” operation against Greek oil tycoon Aristotle Onassis.

Maheu helped the U.S. government sabotage a deal that had given Onassis a monopoly on shipping Saudi Arabian oil. As part of his mission, Maheu was reportedly even given a license—if necessary—to kill the Greek tycoon. After a meeting with Maheu about Onassis, Vice President Nixon shook Maheu’s hand and whispered, “And just remember, if it turns out we have to kill the bastard don’t do it on American soil.”

President Kennedy’s former press secretary, Pierre Salinger, said Maheu told him the CIA-Mafia plots against Castro were authorized by Nixon:

I knew Maheu well. He told me [in 1968, when Salinger was soliciting Maheu’s boss, Howard Hughes, for a campaign contribution to Robert Kennedy’s White House bid] about his meetings with the Mafia. He said he had been in contact with the CIA, that the CIA had been in touch with Nixon, who had asked them to go forward with this project . . . It was Nixon who had him [Maheu] do a deal with the Mafia in Florida to kill Castro.”

Nixon White House counsel John Dean confirms that Maheu was “the point of contact for the CIA’s effort to have the Mafi a assassinate Fidel Castro in the early 1960s.” Dean said he was told by fellow Nixon aide Jack Caufield that the Hughes empire “was embroiled in an internal war, with two billion dollars at stake, private eyes swarming, nerve- jangling power plays going on, and Mafia figures lurking in the wings.”

Longtime Mob lawyer Frank Ragano disclosed in the 1990s that the assassination plot against Castro was hatched in the summer of 1960. He reported that “Maheu’s search for mob killers began with John Roselli who brought in Sam Giancana, the Chicago boss, and Santo [Trafficante] . . . The CIA operatives told Maheu he could offer $150,000 to the assassins, and that Castro’s murder was a phase of a larger plan to invade Cuba and oust the Communist government.” Ragano also claimed he was the unwitting messenger in a July 1963 order from Teamsters boss Jimmy Hoffa to Trafficante and Marcello for President Kennedy’s murder.

Sam Giancana confided to his brother, Chuck, in 1966, that the CIA had offered him $150,000 to hit Castro. “I told ’em I couldn’t care less about the money. We’ll take care of Castro. One way or another. I think it’s my patriotic duty.”

Giancana said CIA Director Allen Dulles had come up with the idea, and that two top CIA officials— Richard Bissell and Sheffield Edwards—were chosen to make the arrangements. And he said the agency made contact with him through Maheu. Giancana designated Roselli as the plan’s Mafi a-CIA go-between.

Of that conversation with his brother, Chuck also mentioned a number of other conspirators in the plot on Castro’s life: “Mooney said he put Jack Ruby back in action supplying arms, aircraft , and munitions to exiles in Florida and Louisiana, while the former Castro Minister of Games, Frank Fiorini [also known as Frank Sturgis], joined Ruby in the smuggling venture along with a [Guy] Banister CIA associate, David Ferrie.”

President Kennedy was elected to office before Nixon and the other planners had time to pull off the Bay of Pigs invasion. The invasion took place on April 17, 1961 on Kennedy’s watch and was a resounding failure, one for which Kennedy publicly accepted full responsibility. Fifteen hundred Cuban exiles were quickly overwhelmed by some 20,000 Cuban troops. But, convinced the CIA had set him up, Kennedy fired CIA chief Allen Dulles—an old Nixon friend—and swore he’d dismantle the agency.

Nixon, Hunt, and many CIA and exile leaders privately pinned blame for the military catastrophe on Kennedy for not providing adequate air cover. Later, Hunt publicly accused the president of “a failure of nerves.”

Mafia bosses, already enraged by Kennedy’s anticrime crusade in this country, were upset that their lucrative gambling casinos—shut down by Castro— would not be returning to Cuba.

It is quite possible top elements of the Mob and the CIA decided to send their hired guns against Kennedy instead of Castro. Would Nixon know? After all, he and Hunt had come up with the original ideas they thought JFK later bungled. And Nixon’s tight CIA and Mob contacts undoubtedly kept him completely
up-to-date on major related developments. Fletcher Prouty, a former Air Force officer who regularly worked with the CIA on covert operations, has said Nixon “may very well have realized” that such a killing team “was involved” in the Kennedy murder.

Though Helms reportedly exploded when Haldeman brought up the “Bay of Pigs” in connection with Watergate, he later denied knowing what Haldeman was talking about. But Helms’s immediate response was to direct his deputy, Vernon Waters, to tell acting FBI Director Pat Gray the FBI investigation jeopardized covert CIA operations. Gray “dutifully carried out the order to cut back the investigation.” Helms’s action lends weight to the probability that the subject Nixon raised with him, through Haldeman, actually dealt with something other than the 1961 CIA- backed invasion of Cuba.

Indeed, the CIA’s own top- secret postmortem on the invasion—when it was finally declassified in 1998—disclosed major agency blunders and criticized the failure to inform President Kennedy that the potential for “success had been dubious.” But the report contains absolutely nothing that could be interpreted as sensitive to national security.

Several days before the invasion, the Miami correspondent for the New York Times, Tad Szulc, wrote a story about the planned landing. But, after a personal appeal from President Kennedy, senior Times editors toned it down. Two months later, Szulc told the Senate Foreign Relations Committee that information about the supposedly secret invasion had been available in Miami in March to any interested reporter. Kennedy later told Times editors, “If you had printed more about the operation, you would have saved us from a colossal mistake.”

Nixon’s Watergate warning to Helms about the dangerous CIA secrets Hunt could tell—and the events leading up to it—deserve a closer look.

As far back in his presidency as September 18, 1971, Nixon contemplated an order to the CIA to turn over to him its complete files on the Bay of Pigs. This happened at a White House meeting of Nixon, Attorney General John Mitchell and Nixon aides Haldeman, Ehrlichman and Egil Krogh. Ehrlichman’s handwritten notes have Ehrlichman telling the group: “Bay of Pigs—order to CIA—President is to have the FULL file or else—nothing withheld. President was involved in Bay of Pigs—must have the file—theory—deeply involved—must know all.”

The president personally followed up at a meeting with Helms on October 8, 1971. Ehrlichman sat in. His notes quote Nixon as saying, “Purpose of request for documents: must be fully advised in order to know what to duck won’t hurt Agency, nor attack predecessor.”

Helms answers, “Only one president at a time I only work for you.”

Nixon then said, “Ehrlichman is my lawyer—deal with him on all this as you would me.”

After Ehrlichman tells Helms he’ll be making requests for more material, Helms responds: “OK, anything.”

Helms initially went along with the Watergate cover- up. Haldeman was able to tell the president he informed Helms that the Watergate investigation “tracks back to the Bay of Pigs . . . At that point, he got the picture. He said we’ll be very happy to be helpful.” Helms, however, had second thoughts and was soon refusing to cooperate with Nixon’s gambit. For that insubordination, he was eventually banished to be the ambassador to Iran.

That the CIA failed to obey Nixon’s order is also established in a newly released Watergate tape of a May 18, 1973 conversation in which Haldeman tells Nixon: “[Helms says the CIA] has nothing to hide in the Bay of Pigs. Well, now, Ehrlichman tells me in just the last few days that isn’t true. CIA was very concerned about the Bay of Pigs, and in the investigation apparently he was doing on the Bay of Pigs stuff. At some point, there is a key memo missing that the CIA or somebody has caused to disappear that impeded the effort to find out what really did happen on the Bay of Pigs.”

In The Ends of Power, Haldeman claimed the CIA cover- up of the JFK assassination included failing to tell the Warren Commission about agency assassination attempts against Fidel Castro. And he disclosed that the CIA’s counterintelligence chief James Angleton phoned the FBI’s Bill Sullivan to rehearse their answers to possible commission questions. Haldeman gave these samples:

Q. Was Oswald an agent of the CIA?

UNA. No.

Q. Does the CIA have any evidence showing that a conspiracy existed to assassinate Kennedy?

UNA. No.

Haldeman pointed out that Sullivan was Nixon’s “highest-ranking loyal friend” at the FBI. In the early days of the Watergate cover- up, according to Ehrlichman, Nixon “knew a great many things about Hunt that I didn’t know.” He quotes the president as saying: “His lawyer is Bittman . . . Do you think we could enlist him to be sure Hunt doesn’t blow national secrets?” As late as March 21, 1973, Nixon was still deeply concerned about keeping Hunt quiet. He told aide John Dean that Hunt’s demands for an additional $120,000 in hush money must be met. And the two men then had this exchange:

Nixon: Well, your major guy to keep under control is Hunt.

Dean: Eso es correcto.

Nixon: Creo. Because, he knows . . .

Dean: He knows so much.

Nixon: . . . about a lot of other things.

Nixon’s blackmailing efforts even extended to former president Lyndon Johnson. A 1994 book based on Haldeman’s personal diaries shows that, in January 1973, Nixon tried to coerce LBJ into using his influence with Senate Democrats to derail the Watergate investigation. Haldeman said Nixon threatened to go public with information that LBJ bugged the Nixon campaign in 1968. When Johnson heard of the threat “he got very hot and called Deke [De Loach, No. 3 man at the FBI] and said to him that if the Nixon people are going to play with this, he would release information” that would be even more damaging to Nixon.

The information that President Johnson was going to release was deleted from Haldeman’s dairy by the National Security Council during the Carter administration, which scrutinized it for sensitive national security material. It is the only such deletion in the entire book.

Newly declassifi ed tapes and documents reveal, however, that LBJ was, indeed, ready to play a huge national security card—the treason card—against Nixon’s desperate Watergate gamble. The ex-president was prepared to disclose that, in 1968, for purely political reasons, presidential candidate Nixon had undermined U.S. efforts to end the Vietnam War. President Nixon dropped the blackmail plan after LBJ’s counterthreat.

Nixon never publicly voiced any suspicions that CIA/Mafia assassins recruited to kill Cuban leader Fidel Castro might have murdered President John Kennedy. In fact, Nixon never admitted that as vice president he was in charge of the early Bay of Pigs invasion plan and associated CIA-Mafia plots to kill Castro. Rather, he was on record as a strong supporter of the Warren Commission’s finding that the crime of the twentieth century was the work of a lone Communist nut, Lee Harvey Oswald—and that this nut was silenced by another lone nut, Jack Ruby, acting out of patriotism.

Robert Kennedy’s first thoughts about who might be responsible were entirely different. In the immediate wake of his brother’s assassination in Dallas, the attorney general suspected CIA- Mob involvement.

Kennedy learned the identity of Howard Hughes operative—and onetime Nixon dirty trickster— Robert Maheu when he was told about the Maheu-arranged CIA-Mafia murder conspiracy against Castro. Hughes expert Michael Drosin reports that RFK was “shocked. Not about the failed attempt to kill Castro, which he and his brother almost certainly approved in advance, but about the CIA’s choice of hit men. Especially Giancana.” RFK knew that if the mob was involved in a political plot, it was likely with the CIA’s endorsement.

Jack Newfield, producer of the 1998 Discovery Channel documentary Robert F. Kennedy: A Memoir, said Robert Kennedy had a firm idea about who killed his brother: “Bobby told [JFK adviser] Arthur Schlesinger he blamed ‘that guy in New Orleans’—which meant [Mob boss] Carlos Marcello. Bobby was intense about prosecuting Marcello as attorney general. He deported him in 1961, indicted him when he returned, and tried him in 1963.”

“Th e Bay of Pigs” gets frequent mention on the Nixon tapes. And the term is usually employed in ways that suggest reference to the assassination. These tapes are also studded with deletions—segments deemed by government censors as too sensitive for public scrutiny. “National Security” is usually cited. Not surprisingly, such deletions often occur during discussions involving E. Howard Hunt, the Bay of Pigs and John F. Kennedy. Isn’t it long past time when these censored sections of the tapes are declassifi ed? Meantime, more than one million JFK assassination-related CIA documents remain secret, but are supposed to be released in 2017. Let’s hope that, as a result, we finally find out who killed JFK and why. And maybe these declassified records will also throw some new light on the befuddling “Bay of Pigs” code that Richard Nixon used in his very first effort to cover up the Watergate burglary.


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